
“La angustia puede compararse muy bien con el vértigo.
Pero, ¿dónde está la causa de tal vértigo?
La causa está tanto en los ojos como en el abismo.
¡Si él no hubiera mirado hacia abajo!
Así es la angustia el vértigo de la libertad;
un vértigo que surge cuando la libertad echa la vista hacia abajo
por los derroteros de su propia posibilidad,
agarrándose entonces a la finitud para sostenerse.”
Søren Kierkegaard
El concepto de la angustia
Pero, ¿dónde está la causa de tal vértigo?
La causa está tanto en los ojos como en el abismo.
¡Si él no hubiera mirado hacia abajo!
Así es la angustia el vértigo de la libertad;
un vértigo que surge cuando la libertad echa la vista hacia abajo
por los derroteros de su propia posibilidad,
agarrándose entonces a la finitud para sostenerse.”
Søren Kierkegaard
El concepto de la angustia
En 1844 Søren Kierkegaard escribe el primer libro dedicado exclusivamente al tema de la angustia: El concepto de angustia. Para este autor, la angustia es una experiencia decisiva de la vida del hombre, aquella experiencia en la que el hombre se determina como espíritu o se desconoce como tal.
La libertad
Para Kierkegaard, el individuo es conciencia, es interioridad, es síntesis en acción, es relación consigo mismo y es, sobre todo, libertad. Tomada en este sentido, «existencia» es un término sólo aplicable al hombre. Queda claro que, en este contexto, «hombre» no es tomado como concepto abstracto, sino como un ser real, de carne y hueso, que sufre, que ama, que odia, que se siente aturdido en cuanto se enfrenta a sus propios límites y que no se comprende a sí mismo, pero que, ante todo (y a pesar de todo, sugerirá Sartre) es libre.
“Gracias a mi alternativa, dirá Kierkegaard, aparece la ética. No se trata todavía de la elección de una cosa cualquiera, ni de la realidad de lo que se haya elegido, sino de la realidad de la elección. (…) el hecho de haber amado produce en la naturaleza de un hombre una armonía que jamás se llega a perder del todo; (…) el hecho de elegir confiere una solemnidad a la naturaleza del hombre, una serena dignidad que no se llega a perder nunca (…) Cuando todo está en calma en su contorno, solemne como una noche estrellada, cuando el alma está sola en el mundo entero, entonces se te aparece no un ser superior, sino la potencia eterna en sí misma, el cielo como que se abre, y el yo se elige a sí mismo o, más bien se recibe a sí mismo. Entonces el alma ha contemplado el bien supremo, lo que no puede ver ningún ojo mortal y que jamás puede ser olvidado. Entonces la personalidad recibe el espaldarazo que la ennoblece para toda la eternidad. Se convierte en lo que ya había sido, se hace a sí misma. Como un heredero, aunque lo fuera de los tesoros de todo el mundo, no posee su herencia hasta que alcanza la mayoría de edad así tampoco la personalidad incluso la más rica, no es nada antes de haberse elegido a sí misma, y la más pobre que pueda imaginarse lo es todo en cuanto se elige a sí misma. Porque la grandeza no consiste en esto o en aquello, sino que radica en el hecho de ser uno mismo, y ello está en el poder de cualquier hombre serio, si él lo quiere”.
De acuerdo a estas ideas, existir significa realizarse a sí mismo por medio de la libre elección y por el propio compromiso. Existir, por tanto, significa llegar a ser cada ves más un individuo, y cada vez menos un simple miembro de un grupo. Significa, en otras palabras, “trascender la universabilidad en beneficio de la individualidad.” La existencia implica la libertad de elegir una cosa y rechazar otras (o lo uno o lo otro). Las antítesis son dos polos distintos que no tienen necesidad de encontrar un tercero que las mediatice.
La angustia
Søren Kierkegaard ha relacionado existencia con posibilidad. Pero toda posibilidad es, además de posibilidad-de-que-sí, posibilidad-de-que-no. El hombre se encuentra ante un abanico abierto de posibilidades, posibilidades que anonadan, porque pueden no-ser. Al chocar entre sí las posibilidades, unas llevan consigo la nihilidad de otras. En la existencia se experimenta la nada. Así, la posibilidad aniquiladora de lo posible, la posibilidad de la nada, se constituye en el horizonte de lo paralizante: “Lo que yo soy es una nada” (Diario íntimo). Pero la pregunta crucial es “¿Cómo se relaciona el espíritu consigo mismo y con su condición? Respuesta: Esa relación es la angustia.”
El objeto de la angustia es la nada; “la angustia y la nada son siempre correspondientes entre sí. La angustia queda eliminada tan pronto como aparece de veras la realidad de la libertad y del espíritu.” La libertad aparece "ante sí misma en medio de la angustia de la posibilidad, o en medio de la nada de la posibilidad (…)"
La angustia está directamente relacionada con la libertad ya que “la angustia es la aparición de la libertad en cuanto posibilidad frente a la posibilidad”. Y como la existencia humana es pura posibilidad, resulta que la existencia es, en una palabra, angustia. Ella es la categoría fundamental que define la relación del hombre con el mundo. La posibilidad aniquiladora de lo posible engendra la angustia en el hombre.
Kierkegaard es un pensador religioso y, por lo tanto, para él, la angustia surge con la prohibición: “Tan sólo del árbol de la ciencia del bien y del mal no puedes comer”. Es natural que Adán no entendiese realmente estas palabras, pues ¿cómo había de entender la distinción del bien y del mal, si esta distinción era el resultado de probar la fruta del árbol? La prohibición angustia a Adán, pues ella despierta la posibilidad de la libertad. Lo que le angustia es la posibilidad angustiosa de poder. Sin embargo, en cuanto a lo que puede, Adán todavía no lo sabe. “La posibilidad de la libertad consiste en que se puede. (…) La angustia es una libertad trabada, donde la libertad no es libre en sí misma, sino que está trabada (…) por sí misma.”
Lo posible está relacionado con lo futuro y es por eso que la angustia también está relacionada con éste. “A veces (…) solemos decir que nos angustiamos del pasado, (…) pero para que el pasado me cause angustia es necesario que esté en una relación de posibilidad conmigo. Si me angustio por una desgracia pasada no es precisamente en cuanto pasada, sino en cuanto pueda repetirse, es decir, hacerse futura. Si tengo angustia por una mala acción pasada, entonces es que no la he relacionado esencialmente conmigo en cuanto pasada, sino que hay algo en mi vida (…) que la impide ser pasada. Pues si realmente fuese pasada, entonces no podría angustiarme, sino sólo arrepentirme.”
La angustia se diferencia del miedo o de otros conceptos similares ya que “todos estos conceptos se refieren a algo concreto [real o imaginario], en tanto que la angustia es la realidad de la libertad en cuanto posibilidad frente a la posibilidad.” En este sentido, la angustia apunta hacia lo indefinido y lo indeterminado.
Kierkegaard define a la angustia como “una antipatía simpática y una simpatía antipática.” Se refiere a un estado ambiguo que, a un mismo tiempo, produce atracción y rechazo. De cualquier manera, la angustia es positiva ya que es en sí misma posibilidad de libertad con todo lo que ella trae aparejado: la posibilidad de elegir bien o la posibilidad de elegir mal. En su análisis religioso esta elección concierne a las elecciones que se hacen en el presente, la vida misma, en relación con el futuro de una vida del más allá. Elecciones que nos puede llevar a la santidad y a la salvación, pero también a la condenación eterna.
Más allá de esta interpretación religiosa, que no comparto, lo cierto es que este pensador danés puso por primera vez en el foco un tema que aún hoy es vigente y que ha sido tratado tanto por la filosofía como por la psicología que lo precedió: la angustia existencial. Retomarlo implica repensar un tema que me despierta, en lo personal, algunos interrogantes: ¿si la angustia es un sentimiento que surge ante la libertad, ante un mar de posibilidades (y cada vez más), no parece absurdo que nos angustiemos?, ¿por qué debería angustiarme el ser libre?, ¿no es acaso eso lo que todos perseguimos y defendemos? Pero resulta que hombres y mujeres, en la cotidianeidad de nuestras vidas, muchas veces confundimos libertad con la simple elección ante un número limitadísimo de posibilidades. Mientras que las posibilidades, si no son infinitas, son muchas más de las que usualmente consideramos. ¡Si la angustia es una experiencia que me permite abrir el campo perceptivo de más posibilidades, bienvenida sea! Todo sea por tiempos mejores...
BIBLIOGRAFÍA
Kierkegaard, Søren. El concepto de la angustia. Traducción directa del danés, prólogo y notas de Demetrio G. Rivero. Hyspamerica, Buenos Aires, 1984.

