26.3.09

REDES ROMáNTiCAS


Internet, las nuevas relaciones
y los sujetos.

Illouz, Eva. Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo.
Buenos Aires, Katz Editores, 2007


«...el proceso de establecimiento del yo como asunto público y emocional encuentra su expresión más fuerte en la tecnología de Internet, una tecnología que presupone y pone en acto un yo emocional público y, de hecho, incluso logra que el yo emocional público preceda a las interacciones privadas y las constituya.»


Illouz escribe sobre las relaciones románticas en Internet. Se plantea la pregunta si es cierto que la exclusión del cuerpo, en la relación establecida de manera virtual, hace posible la aparición de un “yo auténtico” y, con ello, surge aún una pregunta más interesante ¿cómo es que tienen lugar las emociones, algo que suele asociarse con el calor y todas la sensaciones?

Los estudios muestran que los encuentros por medio de Internet crecen cada vez más y que no son pocas las relaciones de pareja “reales” que derivan de tales “redes románticas”. Una de las técnicas más usadas en estas redes consiste en la creación de un “perfil personal”, en la que la persona hace una descripción de sí misma, de su “yo” propio, llenando, en algunos casos, una serie de requisitos preestablecidos. Ello requiere la capacidad de hacer una descripción lingüística e incluye el recurso visual de fotos. Eva Illouz señala que estos procesos de autorrepresentación se basan también en la corriente psicológica de la narrativa terapéutica, puesto que el usuario de las redes románticas tiene que descomponer su “yo” en categorías predeterminadas (de gustos, preferencias, rasgos, etc.), ha de exponer su “yo” privado en una entidad pública y ha de textualizar su propia subjetividad o ha de objetivarla en lenguaje e imágenes. El efecto de todo ello es una intensificación de características subjetivas en un contexto de objetivación del encuentro con el otro, por medio de la tecnología y determinadas pautas estandarizadas de encuentro.

Eva Illouz dice que, contra todo supuesto pluralismo o polimorfismo del “yo posmoderno”, lo que ocurre en las redes románticas es que se “ontologiza” el yo, se crea un nuevo cartesianismo en el cual se congelan las imágenes del cuerpo que se oferta en la red y se estandariza el “yo auténtico” por medio del lenguaje. El efecto, no buscado pero que aparece reiteradamente, es una búsqueda de originalidad lingüística (con pautas muy estandarizadas) en la descripción de ese yo, por un lado, y un cierto convencionalismo físico, que se observa en las fotos que se publican.

Este proceso de estandarización y repetición en la búsqueda de encuentros románticos por Internet tiene toda la forma de los procedimientos de oferta y demanda del mercado. Es un perfecto ejemplo del “encuadre” del mercado que describe Michel Callon en The Laws of the Market, puesto que se establecen unos límites o se crea un marco limitado para potenciar al máximo las posibilidades de oferta y demanda. Esto hace que la búsqueda de pareja se formalice como una transacción económica. Eva Illouz señala que este tipo de formalización económica es propia de una economía de la abundancia y, con ello, se distingue de una economía de la escasez, puesto que el valor no está en la exclusividad ni en la singularidad, sino en la sobreoferta y la regularidad. Es por ello que el ámbito de las mercancías, y su consumo, no deteriora el ámbito de los sentimientos, sino que los potencia, puesto que los sentimientos se configuran socialmente de manera análoga a las mercancías.

Pero Eva Illouz no quiere que todo quede en un análisis crítico con pretensiones de pureza, puesto que entonces no queda espacio para la sorpresa ni para la ex-presión de aquello que sobredetermina la vida misma y sus formas cotidianas. Prefiere, en cambio, un tipo de análisis contextual de las prácticas sociales, sin a prioris sobre lo que puede consideraras represivo o emancipador. Con ello en mente, la autora analiza las búsquedas y encuentros de Internet y los compara con lo que ocurre en los encuentros “cara a cara”. De su comparación resulta un tipo de conocimiento tácito o intuitivo, en el cual han desarrollado competencias de conocimiento e interacción con respecto al otro que no son exactamente cognitivas ni siquiera verbales. Hay, más bien, un oscurecimiento verbal, unos “juicios rápidos” respecto a la otra persona, que posibilita la sorpresa e incluso la fascinación. Es curioso que este tipo de procesos requieran una “información mínima”, no saturada, que precisamente se contrapone al “exceso de información” y de saturación que ofrecen las redes románticas y la “sobre-oferta” que implican.

La autora se pregunta, para finalizar, si no hemos devenido en unos “tontos hiperracionales” en el sentido de que estamos conformados en un repertorio psicologizado que opera con la forma del cálculo “costo beneficio” y que, con todo ello, lo que se hace más difícil es cambiar de una forma de acción económica a otra que no lo sea, dado que las relaciones íntimas están inoculadas de una narrativa del “sufrimiento y su superación” que tiene la forma de operación del mismo mercado.